Declaración de un crimen

10/2/09
 
 
NOTA: algunas partes del Gran libro, han sido transcritas de manera literal por mí y solo le hice las modificaciones que encontré justas.
 
 
                    El hombre hizo de mí un objeto de repudio para esconder su culpa pues todos han sido engañados por siglos. No es cierto que fue Adán el primero, sino yo. Sí, pues la decir Dios:  “Haré al hombre a imagen y semejanza mía”, seguro es que se les olvidó poner: “mas lo haré de una costilla de Mujer”- ¿Y que querían que fuera al revés?, ¡de que parte creen que salió?-. Así es que la historia fue cambiada para condenarme sin razón y dejarme sin poder para defenderme de sus calumnias.
                    Las cosas sucedieron de otra forma bastante más diferente:
                   Sexto día de trabajo para mi Madre o Dios, como quieran decirle; Y habló desde adentro dictando a la arcilla: “Haré al hombre a imagen y semejanza nuestra”, entonces me amasó humedeciendome de Mar cada vez, delineó mis formas, limitó el Aire que sopló por mi perfilada y respingada naríz, a un soporte con Identidad  de Aliento y Vida. Me heredó un Jardín en Oriente al que llamó Edén y en él me colocó,  fui así la primera mujer reflejo del Amor Eterno, el sentimiento y obra encarnado.
Luego hizo brotar del suelo toda clase de árboles agradables para la vista y buenos para comer. Y puso en medio el árbol de la Vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal.                                                                                                                             Del Jardín salía un Río que regaba y se dividía en cuatro brazos. El primero: Pisón, el segundo: Guijón, y es el que rodea la tierra de Cus.
                       El tercer Río se llama: Tigris, y es el que corre Al Oriente de Asiria y el cuarto: Eufrates. Dios me tomó en sus manos tiernas, cálidas e infinitas y me puso en el Edén para que lo cultivara y lo cuidara. Y Dios me dijo claramente: “Puedes comer de cualquier árbol que haya en el  jardín, menos del árbol de la ciencia del bien y el mal; porque aquel día que comas de él morirás sin remedio”.                                                                                                   Después dijo Dios pensando en voz alta: “No es bueno que la mujer esté sola. Haré un ser semejante a ella para que le ayude”.
                         Entonces formó de la tierra todos los animales del campo y toadas las aves del cielo, y los trajo a  mí para que les pusiera nombre. Y cada ser viviente había de llamarse como yo lo había llamado.
                         Al concluir ésta tarea no encontré en ellos un ser semejante a  mí para que me ayudara. Entonces Dios me durmió profundamente y no supe más hasta que desperté al lado de alguien parecido a mi pero diferente -es raro ¿no?-. Me dijo mi Madre que lo había sacado de una costilla mía -y desde ese momento tuve caderas-. Entonces clamé:
                         Éste si que es hueso de mis huesos, y carne de mi carne.
                         Éste será llamado varón
porque de la varona ha sido tomado. 
 
                         Estábamos desnudos los dos hombre y mujer pero no por eso nos avergonzabamos. 
                         Un día fatal caminaba a mi lado el hombre, cerca del árbol prohibido y la serpiente aprovechó el descuido para morderlo. Supe de su boca, que comenzó a escuchar una voz, que era la suya, en su interior y decía: ¿Es cierto que Dios les ha dicho: No coman de ninguno de los árboles del jardín?. Él se respondió: “Podemos comer de los frutos de los árboles del jardín, menos del fruto del árbol que está en medo del jardín, pues Dios nos dijo: No coman de él ni lo toquen siquiera, porque si lo hacen morirán”.
                          La serpiente replicó: “De ninguna manera morirán. Es que Dios sabe muy bien que el día en que coman de él, se les abrirán los ojos y serán como dioses y conocerán el bien y el mal”. 
                          El hombre vió que el árbol era apetitoso, que atraía la vista y que era muy bueno para alcanzar la sabiduría -y además el tipo tenía mucha hambre . Eso también se les olvidó poner-. Tomó de su fruto y comió y me lo pasó enseguida, y yo también me lo comí. En ésta parte de mi historia quisiera detenerme para defender a un fruto “mirado en menos” como es la manzana: ¿quien les dijo que fue eso lo que comí?, en las escrituras no se revela la identidad de éste, ¿que les hizo concluir en ella?. ¡Realmente es indignante el constatar ¿como un fruto tan amoroso que es la manzana -porque tiene forma de corazón- puede haber sido discriminado e injuriado de esa manera!-. Si ponen atención a lo que he dicho se darán cuenta de que: “el fruto era muy bueno para alcanzar la sabiduría” y a ella se le asocia el pensamiento y pensamos con el cerebro, entonces: ¿existe algún árbol que dé un fruto con propiedades que obtimicen su funcionamiento y además tenga la misma estructura y forma?. Sí, y ese fruto es la nuez. El árbol de la ciencia del bien y del mal era un Nogal. Por lo tanto Adán comió la mitad derecha y yo la izquierda pero el hombre al desobedecer fue castigado inmediatamente pues se atoró y jamás pudo “TRAGAR LA SABIDURÍA” así que quedó con el pedazo atascado en la garganta y eso que llaman “manzana de Adán” es en realidad “Nuez de Adán” para que lo sepan. 
                              Aclarado el asunto continúo con la historia…
                             Entonces abrimos los ojos y nos dimos cuenta de que estábamos desnudos, y nos hicimos unos taparrabos de hojas de higuera cosidas.
                             Reconocí los pasos de Mamá que ligera y mágicamente paseaba por el jardín, a la hora de la brisa de la tarde. Yo y el hombre nos escondimos, para que Dios no nos viera, entre los árboles del jardín. Entonces Ella me llamó y dijo: “¿Donde estás, reflejo mío?” y contesté: “Oí tu voz en el jardín y tuve miedo, porque estoy desnuda, por eso me escondí”. Dios replicó: “¿Quien te lo ha dicho?, ¿has comido acaso del árbol que te prohibí?”. Y respondí: “El hombre que olvidó ser semejante a tí y mi compañero me dió del árbol y comí”. 
                            Dios dijo al hombre: “¿Que has hecho?”, y el hombre respondió: “La serpiente me ha engañado y comí”. 
                           Entonces Dios dijo a la serpiente: “Por haber hecho esto. maldita seas entre todos los animales del campo. Andarás arrastrándote, y comerás  tierra todos los días de tu vida. Haré que haya una atracción entre tí y el hombre pues recordará la forma de como consiguió moral y ética, mas la mujer pisará tu cabeza mientras tú te abalanzarás sobre su talón”.
                           Al hombre le dijo:
                           “Condenado estarás a seguir el camino del bien y del mal. Olvidarás a quien te creó por sentirte creador y me buscarás en ésta sofía para recuperar el trozo que te faltará en el pecho y que induce a un agujero de mortalidad”.
                           A mi me dijo:
 
                          “Multiplicaré tus sufrimientos en los embarazos. Con dolor darás a luz a tus hijos pero al mismo tiempo te invito a hacer obras con amor, te harás la más pequeña entre los pequeños para ser mi instrumento de servicio. Así conocerás la humildad, te arrancaré de mi presencia mas estaremos enlazadas por medio del Amor Incondicional y Eterno que profesarás por mi a través de ti”. 
                           Llamé al hombre Adán “por ser el primer hombre” y él me llamó Eva “por ser la madre de todo ser viviente”. Dios hizo para el hombre y para mi, túnicas de piel vistiéndonos. Después dijo: “Miren que el hombre ha venido a ser como nosotros, pues se hizo juez de  lo bueno y lo malo. No vaya ahora a alargar su mano y tome también del Árbol de la Vida. Pues al comer de éste Árbol vivirá para siempre”.
                           Yo entristecida, agaché la cabeza y lloré las lágrimas más amargas: las que se lloran hacia adentro. Acepté sus designios pues ella lo escribió así. En toda su sabiduría permitió que ésto sucediera para hacer brotar la conciencia de nuestro soportes y lo entendí, por eso callé.
                          Éste motivo bastó para echarnos del Edén, y me envió a labrar la tierra de donde había sido formada. Y habiendonos expulsado, puso querubines, al oriente del jardín del Edén, y un remolino que disparaba rayos, para guardar el camino del Árbol de la Vida.
 
                          A lo largo de los tiempos el hombre se puso a la cabeza del poder en todas sus formas y en el “Gran Libro” no fue la excepción, manipuló  sus letras y me condenó de ésta transgresión para siempre. Yo cuento ahora aquello que realmente pasó para recuperar mi mancillado nombre. Eso es todo.
 
 
 
                                                                     
 
 
 
 
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